Pueblo del cielo

Esta novela, de la Antología Mondo et Autres Histoires [Mondo y Otras historias], tiene un enfoque fuerte en el diálogo entre Petite Croix, una pequeña indígena de una mesa de Nuevo-México, y un soldado americano listo para ir a la guerra. Aunque su gusto por la soledad sea patente, la propensión al encuentro del niño manifestada por la palabra dirigida a este joven americano se agrega a las modalidades plurales de las cuales dispone para comunicarse de manera sensorial con el mundo que lo rodea, y esto, en razón de su ceguera. El relato es asi puntuado de visitaciones por animalitos domésticos del desierto americano. Y todo contribuye a exacerbar la intensidad de sensaciones, comenzando por el calor del sol. Como muchas otras figuras de niños privilegiados por el escritor, y con la misma testarudez que Mondo, la niña hace preguntas para comprender lo que la rodea, para percibir lo que puede ser el azul del cielo, por ejemplo. De hecho son estas preguntas que hacen comprender al lector que ella esta ciega. ​​ El evento final es la aparición del dios Saquasohuh, estrella azul cuya presencia sobre la tierra anuncia una danza de muerte. Esta estrella es en la mitología una figura ambivalente de la vida y de la muerte. La cultura amerindia siendo fundada sobre regresos cíclicos de cataclismos, parece que la niña teme un evento sinistro. Su primera reacción es gritar, luego de correr, y sus lágrimas brotan. No más que su ceguera no ha sido claramente nombrada, el fin de la novela puede dejar suponer que ella « ve » sin que midamos si la visión es recuperada o si se trata de una « visión » más interior. El hecho es que ella siente una « lumière claire, pure et bleue qui va jusqu’au fond de son corps comme l’eau fraîche des sources » (M, 242). Esta penetración funciona como las visitaciones qui inician. Al principio del relato, petite Croix veía de otra manera, y al fin del relato, a la hora de declive del sol, ella ve lo que una estrella azul revela.

La historia se situa en Nuevo-México, lo que indica el hábitat sobre las mesas (mesetas). Ningún topónimo no es citado fuera del pueblo Hotevilla pero, como lo recuerda Bruno Thibault, la zona geográfica es aquella de ensayos nucleares, lo que da otro sentido al anuncio de un cataclismo. Es « dans le désert du Nouveau-Mexique que la première bombe atomique a été expérimentée, avant d’être larguée sur le Japon » (Thibault, 2009, 69), lo que puede ser correlacionado con la sensación de una vibración del suelo reprobado por el niño. El avión que pasa en el cielo es claramente llevado a la guerra inminente de Corea : « Dans les soutes de l’avion géant, les bombes sont rangées les unes à côté des autres, la mort en tonnes » (M, 249). Este gigante no es sin similitud ​​ con otro gigante mítico del texto que aparece igualmente en el cielo, al final del relato. Es decir que desde los tiempos antiguos o modernos surgen siempre predadores.

La realidad contemporánea se presenta à través de índices, asi desde el panorama mítico inicial recordándonos las rutas que atraviezan Norte América : « La route goudronnée traversait le pays de part en part, mais c’était une route pour aller sans s’arrêter, sans regarder les villages de poussière, droit devant soi au milieu des mirages, dans le bruit mouillé des pneus surchauffés » (M, 221). El relato se ancla también en una realidad social que subraya François Marotin : el niño hace parte de los pueblos pobres. Estos pueblos pobres tienen en general su cuentero o su taciturno. En el caso precedente, un viejo Bahti encarna aquel que explicaba el mundo a la niña cuando estaba más joven. Jamás presente, es un recuerdo siempre aflorando en la memoria del niño. Pues su rol de traductor/pasador del mundo parece conferido al soldado, pero como lo demuestra François Marotin, el leguaje humano es reenviado a su debilidad. ​​ La aprehensión física del mundo se muestra más justa.

 

La solaridad general recobra seguramente una dimensión referida al contexto climático pero también a la mitología india. François Marotin destaca la importancia de « le bruit de la lumière est l’expression d’une origine absolue : C’est cela, le premier bruit, la première parole » (Marotin, 1995, 97). La actitud completa de la niña ​​ es de acogida en una actitud paciente, attestiguada por la inmobilidad de su cuerpo en posición cuadrada. Sentada incluso en el piso, su rostro vuelto hacia el cielo ; la búsqueda del azul y el título de la novela marcan la importancia de la dimension celeste. « Peuple du ciel » designa los Indios que viven en las alturas de las mesetas, elevadas por encima de la tierra, tendidas hacia el cielo. La meseta en donde viven se vive como intercesor être el cielo y la tierra. Los mitos de emergencia están basados precisamente en la unión de la tierra con el cielo, por la mediación de un Indio disparando una flecha al sol. Est de hecho este mito de emergencia que relata J.-M.G. Le Clézio cuando explica los origenes que inspiran este relato en el transcurso de una entrevista dada a Justyna Gambert.

 

La simbología puede ser interpretada también desde el punto de vista de las marcas judeo-cristianas : conotación del azúl pacífico, visitación de las abejas, onomástica que reenvia a la Cruz. Est cruce entre mitología india y cristiana no debería asombrar en la medida en que la colonización española ha aculturado este estado del sur de los Estados Unidos.

Entonces al final de la novela, cómo interpretar la carrera y las lágrimas de la niña, es asediada por las mitologías de los Amerindios, como lo supone Bruno Thibault ? Está tratatndo de emergir al otro mundo, como lo imagina Georges Lemoine dibujándola como en levitación, los pies no tocando la tierra ? Está tratando de huir, de convertirse en una « presa » ? El hecho es que la novela no es tan fácil de définir como una simple resurgencia de mitos chamánicos, atrapada en los fragmentos de recuerdos del siglo XX : recuerdos de muerte seguramente encarnados por el gigante azul, pero contado con relación a un tiempo muy histórico. De hecho, el gigante « venu pour danser sur la place du village, comme le vieux Bahti a dit qu’il avait fait à Hotevilla, avant la Grande Guerre ». Bahti, que su vejez misma designa como un sabio a la manera de un Naaman o de un hombre azul del Sahara, es un personaje, dejado en el vacío, de los más significativos : es tal vez otro objeto ambivalente de la pérdida y de la presencia. Su figura es evocada no menos de seis veces, frecuentemente por lo que ha aprendido a cantar o lo que ha dicho, como el maestro de la escuela Jasper o el joven soldado.

En definitiva, la niña está sola ; ella « chancelle » [se tambalea], ella « s’elance » [se precipita] (M, 243), … Vidente silenciosa ? Ninguna respuesta es posible pues hay muchas maneras de comprender, como existe « plusieurs bleus » [muchos azules] (M, 228). De ahí la carta de colores de le Clézio.

Isabelle Roussel-Gillet

Traducción Yonay Pinto Guarumo

(2022)

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

GAMBERT Justyna, entretien avec J.-M.G. Le Clézio, Les Cahiers J.-M.G. Le Clézio numéro 8, 2015 ; LE CLÉZIO Jean-Marie Gustave, « Peuple du ciel », Mondo et autres histoires, Paris, Gallimard, folio, 1995, p. 221-243 ; « Peuple du ciel », version illustrée par Georges Lemoine en album jeunesse, Paris, Gallimard, 1990 ; « Peuple du ciel », Mondo et autres histoires, Paris, Gallimard, 1978 ; MAROTIN, François, « Petite Croix ou la descente en soi-même », François Marotin commente Mondo et autres histoires de J.M.G. Le Clézio, Paris, Gallimard Folio, 1995, p. 95-108 ; PLU Christine, « Petite Croix transfigurée », Revue Cahiers Robinson, numéro 23, Le Clézio aux lisières de l’enfance, 2008, p. 92-106 ; ROUSSEL-GILLET Isabelle, « Habiter la terre amérindienne, devenir œil-fruit », Les Cahiers J.-M.G. Le Clézio numéro 8, 2015 ; THIBAULT Bruno, J.M.G. Le Clézio et la métaphore exotique, Amsterdam, Rodopi, 2009, chapitre 3, p. 68-70.